Rubio y Díaz-Balart presionaron a Trump sobre Cuba

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El diario contrarrevolucionario El Nuevo Herald, en estas crónicas, dice lo que todo el mundo sabe. Lo Cierto Sin Censura las reproduce para fines de documentación sobre el tema 

El senador Marco Rubio y el representante Mario Diaz-Balart se sentaron en la Oficina Oval el mes pasado, acompañados de dos secretarios del gabinete, el asesor de Seguridad Nacional y numerosos asistentes de la Casa Blanca, y le pidieron al presidente Donald Trump que respaldara sus planes para Cuba.

Los dos legisladores miamenses habían presionado a Trump desde hacía meses para que echara atrás la apertura del ex presidente Barack Obama, tocando el tema de Cuba en cada oportunidad posible: Diaz-Balart cuando él y la representante federal Ileana Ros-Lehtinen se reunieron en privado con su ex colega de la Cámara, el vicepresidente Mike Pence, en febrero; Rubio cuando él y su esposa acompañaron al presidente y a la primera dama en una cena privada dos días antes, y nuevamente cuando el senador viajó a la Florida en el avión presidencial en marzo.

El gobierno había estado esperando que varios subsecretarios de agencias del gabinete revisaran las regulaciones existentes sobre Cuba. Para cuando se celebró la reunión en la Oficina Oval el 3 de mayo, ya tenían listas las recomendaciones: mantener la postura de Obama para seguir normalizando las relaciones con el gobernante cubano Raúl Castro.

Pero eso no era lo que Trump quería. Cuando era candidato, prometió cambios a los exiliados cubanoamericanos de línea dura en el sur de la Florida, entre ellos, veteranos de Bahía de Cochinos que lo respaldaron, un gesto que tocó a Trump y que mencionó repetidas veces ya como presidente.

“El presidente dijo: ‘Miren, quiero hacer esto [implementar cambios]’ ”, dijo Rubio.

Así las cosas, Rubio y Diaz-Balart aconsejaron a Trump que impusiera su voluntad sobre la renuencia de los servidores públicos –entre ellos empleados de los dos hombres presentes, el secretario de Seguridad Nacional, John Kelly, y el secretario de Estado, Rex Tillerson.

“Anteriormente habíamos visto que el gobierno y el presidente presionaban por cambios, y en todos los casos la burocracia los torpedeaba”, afirmó Diaz-Balart.

Trump concordó. Igual hicieron el asesor de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, y el secretario de la presidencia, Reince Priebus: la política de Trump sobre Cuba la redactarían la Casa Blanca y el Consejo de Seguridad Nacional, con ayuda de Rubio y Diaz-Balart.

El senador republicano Marco Rubio dio un discurso en el Senado de EEUU exigiendo la aplicación de sanciones para los jueces del Tribunal Supremo de Venezuela que han apoyado el golpe de Estado perpetrado por el mandatario Nicolás Maduro. (En inglés)
Oficina del senador Marco Rubio

El resultado será nuevas restricciones a los negocios de empresas estadounidenses con los militares cubanos, que controlan la mayor parte de la economía de la isla, y normas más estrictas sobre los viajes de los estadounidenses a Cuba.

“Espero que en 5 o 10 años —o menos— la situación en Cuba será diferente y la gente señale esto como el factor que provocó esos cambios”, dijo Rubio.

La modificación de la política, completada el miércoles antes del anuncio de Trump el viernes en Miami, representa un importante logro político para Rubio, quien citó a Cuba como una de las razones para postularse a la reelección al Senado el año pasado, y para Diaz-Balart, el único de tres legisladores republicanos cubanoamericanos miamenses que respaldó a Trump. (Los otros dos que no lo hicieron, Ros-Lehtinen y el representante Carlos Curbelo, no participaron directamente en la redacción de las nuevas normas).

“Este asunto no estaba recibiendo mucha atención”, dijo Diaz-Balart. “Afortunadamente, pudimos colocarlo en el centro de la atención mediante la persistencia”.

Los cubanoamericanos detrás del cambio de política hacia Cuba. Video por C.M. Guerrero/El Nuevo Herald
C.M. Guerrero cmguerrero@elnuevoherald.com

Los legisladores cubanoamericanos presentaron cada uno sus propias ideas a la Casa Blanca hace unos meses, con tanta discreción que cuando el Nuevo Herald y el Miami Herald obtuvieron el memorando de Díaz-Balart de otra fuente en marzo, ni su personal tenía copias disponibles.

El resumen de las ideas de Rubio nunca se hizo público. A medida que las conversaciones con la Casa Blanca avanzaban, los asistentes de Rubio fotografiaron documentos impresos de las propuestas y los compartían por mensajes de texto, para no usar el correo electrónico, una plataforma en que Rubio, miembro de la Comisión de Inteligencia del Senado, es un objetivo permanente. El senador y sus asistentes dieron en llamar “Martí” al proyecto, pero lo pronunciaban en su versión anglo, Marty.

La labor de Diaz-Balart tras bambalinas salió a la luz pública en marzo, cuando la Casa Blanca lo cortejó para que votara a favor de una nueva iniciativa de ley para sustituir Obamacare. Diaz-Balart echó mano a esa atención para plantear de nuevo el tema de Cuba, buscando seguridades de que Trump cumpliera su promesa de revisar la política de Obama. Diaz-Balart votó a favor del proyecto, y negó haber recibido ninguna promesa de la Casa Blanca. Pero ahora se sabía que el asunto de Cuba fue un factor.

Los críticos de Rubio lo acusaron la semana pasada de proteger a Trump –o cualquier acuerdo sobre Cuba que se estuviera negociando– cuando el senador interrogó con fuerza a James Comey, ex director del FBI, durante una audiencia en el Senado. Rubio restó importancia a la sugerencia. Para ese momento, llevaba meses negociando con la Casa Blanca el asunto de Cuba.

Trump mencionó inicialmente el tema de Cuba a Rubio en noviembre, cuando el senador lo llamó por teléfono el domingo después de las elecciones para felicitar a su antiguo rival.

“Me dijo, sin que yo le mencionara el tema: ‘Tenemos que que decidir qué vamos a hacer sobre Cuba’ ”, recordó Rubio. “ ‘Los veteranos de Bahía de Cochinos de portaron muy bien conmigo’ ”.

(“Eso obviamente lo tocó fuerte, los héroes de Bahía de Cochinos, y cómo los habían traicionado”, dijo Diaz-Balart en otra entrevista. “Es algo que menciona siempre”).

Después de la cena en la Casa Blanca en febrero, Trump y Rubio discutieron nuevamente el tema de Cuba en el avión presidencial el 3 de marzo, cuando Rubio acompañó al presidente y a la secretaria de Educación, Betsy DeVos, en una visita a una escuela charter. El 27 de abril, Rubio y Priebus hablaron por teléfono y llegaron a un acuerdo: no se podía esperar más.

Después de eso, las cosas avanzaron con rapidez, con la participación de solo un puñado de personas en la Casa Blanca, el Consejo de Seguridad Nacional y el Congreso. El borrador de la nueva política ya estaba parcialmente redactado: hace dos años, Rubio presentó un proyecto de ley en el Senado para prohibir las transacciones financieras con entidades militares y los servicios de seguridad de Cuba. El año pasado, Diaz-Balart incluyó algo similar en un proyecto de ley de presupuesto de la Cámara, pero los demócratas lo eliminaron.

Pero no fue hasta el fin de semana del Día de la Recordación que se supo que habría cambios en la política hacia Cuba. Los partidarios de la política de Obama se apresuraron a contraatacar, dando a conocer encuestas que apoyan el acercamiento a Cuba, escribiendo cartas a la Casa Blanca y presentando proyectos de ley en el Congreso en una muestra de fuerza ante Trump.

Para entonces, era demasiado tarde.

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Publicado el junio 16, 2017 en AMÉRICA, Cuba, Donald Trump, ESTADOS UNIDOS y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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