La AEC en el impulso al desarrollo y la integración

Lilliam Oviedo

cumbre

El objetivo de impulsar el desarrollo y la integración en América Latina, está indisolublemente vinculado a la lucha por la soberanía a nivel continental y regional. Las sesiones de la Asociación de Estados del Caribe, AEC, que tuvieron lugar recientemente en La Habana estuvieron motivadas por la necesidad de materializar proyectos económicos y sociales en los países del área.

Cuba traspasó a Venezuela la presidencia pro tempore de la AEC. Con este acto, concluyó el  viernes la XXII Reunión del Consejo de Ministros de ese bloque.   

El miércoles 8 de marzo tuvo lugar la I Reunión de Cooperación AEC, en la cual fue presentado el programa Unir al Caribe por Aire y Mar, sobre conectividad y transporte. Se discutió también un proyecto para enfrentar, en conjunto, el cambio climático.

Sobre este último evento, Carlos Rafael Zamora Rodríguez, director general interino para América Latina y el Caribe en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, dijo que “persigue evaluar el estado de implementación de los programas de cooperación que se desarrollan en la asociación y, a su vez, contribuir a gestionar recursos para los proyectos que están en ejecución y para otros que se propongan, de conformidad con los ejes temáticos, que están definidos como prioritarios”. (Granma, 27 de febrero).

La creación e institucionalización de ese evento es un aporte de la presidencia saliente al impulso de la organización.

La AEC está formada por 25 Estados miembros, ocho miembros asociados y 30 observadores. Fue constituida en 1994 por iniciativa conjunta de los países del Caricom.

Son miembros Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dominica, El Salvador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago, y Venezuela. Los miembros asociados (con derecho a votar en aquellos asuntos que les afecten directamente, son: Aruba, Curazao, Guadalupe, Martinica, Sint Maarten, Francia, en nombre de (Guyana Francesa, San Bartolomé y San Martín) y Los Países Bajos, en nombre de (Bonaire, Saba y Sint Eustatius).

 

Un proyecto y grandes desafíos

La embajadora June Soomer, nativa de Santa Lucía, como secretaria general de la AEC, destaca la importancia de la colaboración de países como Holanda, Francia y Corea del Sur.

Es preciso señalar que la búsqueda de colaboración fuera de la región ha de ser sustentada en la autonomía. En materia de política exterior, la dependencia impide consolidar nuevas relaciones y además mediatiza los beneficios que por esa vía pueden alcanzarse.

La AEC está llamada a trabajar junto a instituciones como la Alianza Bolivariana para Nuestra América, ALBA-TCP y la Comunidad de Estados del Caribe, Celac. Esto es así, no solo porque muchos de sus miembros forman parte de esos mecanismos, sino también porque la colaboración regional es su razón de existir.

Es necesario actuar en conjunto para superar la pobreza en muchos países de la zona. Poco hay que decir después de la mención de Haití.

Esto define uno de los grandes retos que debe afrontar la AEC.

Se trata del primer mecanismo de alianza regional en el cual Cuba participó como miembro de pleno derecho después del bloqueo impuesto por Estados Unidos. El detalle es significativo, y se explica por el hecho de que, en 1994, cuando fue presentado el proyecto para su creación, el Caribe inglés tenía acumulada la experiencia de más de 20 años de esfuerzos en el Mercado Común del Caribe, CARICOM, y podía aquilatar la importancia de trabajar junto a Cuba.

En diciembre de 1972, cuando  Barbados, Gu­yana, Jamaica y Tri­nidad y Tobago, al constituirse como Estados, establecieron relaciones di­plomáticas con Cuba, en la América de habla hispana solo Perú, Panamá, Bolivia, Chile, Ecuador y Argentina habían ensayado el restablecimiento de esas relaciones. Cuba había sido expulsada de la Organización de Estados Americanos, OEA, en enero de 1962, y solo México mantuvo la relación bilateral.

La apertura de esos países logra levantar en el seno de la OEA, a mediados de la década de 1970, la prohibición a los países miembros de mantener relaciones con Cuba.

Los vínculos de Cuba con el Caricom, son, pues, de larga data. Por eso, la V Reunión Ministerial, preparatoria para la VI Cumbre del Caricom, tiene lugar también La Habana (11 de marzo 2017).

En cuanto a la AEC, se destaca que ahora, cuando la presidencia pasa de Cuba a Venezuela y se discuten proyectos de colaboración con países de otras zonas, se torna evidente que la continuidad de la guerra económica dirigida a derrocar el gobierno de Venezuela y el asedio contra Cuba y contra otros gobiernos progresistas, se oponen al éxito.

Turismo, comercio, vigilancia de los espacios marítimo y aéreo para luchar contra el narcotráfico y la trata de personas, son motivos para la acción y para la búsqueda del desarrollo coordinado, y el control imperialista es un obstáculo para el éxito.

Hugo Chávez lo reconocía, y por eso se convirtió en abanderado de la lucha por la autonomía de los pueblos y la soberanía de los Estados.

Fidel Castro dio calor al acercamiento de Cuba con el Caribe inglés y con el resto de América Latina, entendiendo que solo con la suma de esfuerzos y la acción coordinada la región logra actuar con éxito a nivel global. En más de una ocasión dijo que el proyecto bolivariano de integración no puede ser solo un sueño, sino también un proyecto vital para la supervivencia de los Estados latinoamericanos y caribeños.

Por la diversidad política en el seno de la AEC no salió de las reuniones de La Habana una resolución de franco enfrentamiento a las políticas racistas, segregacionistas y proteccionistas que presenta el actual gobierno de Estados Unidos como prioritarias para sus proyectos, pero hubo manifestaciones de preocupación por ello.

Es inaceptable la construcción de nuevos muros en la frontera entre Estados Unidos y México. Lo mismo sucede con las deportaciones masivas (heredadas de la administración Obama). Causa daño a la región el recrudecimiento de la criminalización de los indocumentados. El enfoque ultraderechista en esta materia es atrasado, injusto y hasta criminal.

La continuidad de la política del golpe suave (matizada en mayor escala con acciones de golpe duro), descubre la injerencia en una de sus más odiosas facetas.  

La utilización de la OEA y su Carta Democrática como punta de lanza contra Venezuela, es otra jugada imperialista que urge desmontar.

En el seno de la AEC, se discuten proyectos económicos y sociales concretos, pero están presentes los retos. La aceptación de la diversidad no se contrapone con el avance en la toma de conciencia…

 

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Publicado el marzo 11, 2017 en AEC, AMÉRICA, América Latina, Caribe, Cuba, MI OPINIÓN y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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