Sans Souci, cabaret y casino del pasado en La Habana

Ciro Bianchi

Tomado de: La Santa Mambisa

Sans Souci

        La  historia del cabaret Sans Souci parece haber sido tirada por el agujero de la memoria. Mientras que investigadores y periodistas, animados por la propia administración de ese centro nocturno, se afanan por reconstruir el decursar de Tropicana y discuten hasta el cansancio cuándo y dónde se compuso la canción que sirve allí de opening, se va perdiendo la historia de otros cabarets. Ocurre así con el Sans Souci, y no es el único caso.

Por su ambiente exclusivo y su refinada elegancia, Sans Souci llegó a ser tan famoso como Tropicana. César Portillo de la Luz, el célebre compositor de Tú, mi delirio y Contigo en la distancia, que trabajó como músico en el bar de ese establecimiento, dijo a este cronista que mientras Tropicana era preferido por extranjeros que visitaban la Isla, Sans Souci era más de los cubanos. Durante un tiempo, Roderico Neyra, que hizo famoso en el mundo del espectáculo el seudónimo de Rodney, acometió las coreografías de los show de ambas instalaciones, hasta que Alberto Alonso empezó a ocuparse de las del Sans Souci en forma que para nada demeritaban las de su antecesor.

Ya para entonces se había invertido un millón de dólares en la remodelación del cabaret. Lefty Clark, reconocida figura del juego en la Florida y operador de algunos de los mejores casinos de ese estado, asumió, con la administración del Sans Souci, las tareas de rediseño y restauración del lugar que comenzaron en 1955 y terminaron dos años después. Se trabajó sobre el concepto de que modernas máquinas tragamonedas revistieran  las paredes de una villa española antigua situada en un paraje rural. Mil cien visitantes pudieron entonces sentarse cómodamente de una vez en sus áreas y  uno de los salones fue provisto de un techo de cristal para que los espectadores en noches de lluvia disfrutaran tranquilamente del espectáculo que se ofrecía de manera habitual  a cielo abierto.  En un lugar cerrado se encontraba el casino de juegos, con sus ruletas y mesas de craps, black-jack y chemin de fer. Un espacio privado se reservaba a grandes apostadores que jugaban contra ellos mismos y no contra la casa, que se limitaba a recoger un porcentaje de las ganancias. El Nevada Cocktail Lounge regalaba  agradables momentos musicales independientes a los del show que se brindaba fuera.  Eran los tiempos (1957-58) en que la gerencia del Sans Souci ofrecía 350 000 dólares a Rocky Marciano,  ex campeón mundial de los pesos completos, para que celebrara en los predios del establecimiento, una pelea contra el Niño Valdés, su retador cubano, y se quería que figuras del relieve de Marlene Dietrich y Liberace oficiaran como anfitriones de la instalación.

El cabaret habanero tomó su nombre del palacio que Federico II, El Grande, se hizo construir en Potsdam a partir de 1745. Fue, más que un centro de poder, un lugar de descanso. De ahí su nombre, Sans Souci, que puede traducirse como «sin preocupaciones».  El centro nocturno habanero abrió sus puertas tras el fin de la I Guerra Mundial y el gallego Arsenio Mariño, avecindado en La Habana desde 1914, fue uno de sus propietarios originales. Allí conoció a la que sería su esposa, una bailarina alemana que,  con el nombre de Las hermanas Farry, haría pareja con su melliza. De esa unión nació la excelente actriz, cantante y bailarina cubana Yolanda Farr, que así lo contó en sus memorias. Se supone que Mariño vendió su parte a comienzos de los años 30 y se fue a Sudamérica de gira con las Farry.

Normam Rothman, apodado «Roughneck», —algo así como «Matón»— fue su gerente durante la primera mitad de la década del 50, y  su esposa, la vedette cubana Olga Chaviano,  la figura exótica del lugar.  Cappy, fruto de una relación anterior  de Rothman, sería con el tiempo un destacado especialista en infertilidad y el creador del primer banco de espermatozoides del mundo. Al lado de su padre trabajó en Sans Souci. En un maletín esposado a una de sus muñecas sacaba dinero de La Habana con destino a Estados Unidos.

En los últimos años Santo Trafficante era presumiblemente el propietario del establecimiento.  En la noche del 31 de diciembre de 1958 presentaba un espectáculo conformado por Las D’Aida y la producción Sabor y Souvenir de Haití, con Martha Jean Claude, Miriam Barrera, Nancy Álvarez y los bailarines Ana Gloria y Ferrán. El casino fue saqueado esa madrugada y el cabaret, al parecer, nunca volvió a abrir sus puertas.

Habló para Radio Miami, desde La Habana, Ciro Bianchi Ross.
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Publicado el agosto 23, 2013 en AMÉRICA, Cuba, cultura y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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